
Lo primero que he pretendido desestructurar en mi silencio es la concepción monolítica de la jerarquía de valores, como no bajo la influencia platónica, y que tanto me agobia. Este golpe a la escala se produjo en mi concepción de mi naturaleza humana (no sé si me estáis siguiendo). Perfeccionista como me considero (en algunas cosas) descubro que la naturaleza humana perfecta es una contradicción, que afecta a todas las dimensiones de la vida humana (que no divina) como la sociabilidad, el tiempo libre, el arte... institucionalizadas en la institución que quiere reglamentar la totalidad de nuestras vidas. (la naturaleza humana perfecta es primero de todo cristiano, después hombre, adulto, a continuación blanco...)
Retomo el tema, que me voy. Estos días he vivido (obligado por las circunstancias) mi silencio. Y tengo la suerte de que me lleva a una simplificación de la vida. Y me doy cuenta de lo necesario que ha sido para mi, sentirme vacío para poder llegar a entenderme. Sin la experiencia de mi silencio, si no paso existencialmente por mi, no podría ser tolerante; seguiría en la rigidez y, por tanto, no podría ser feliz cada vez que las cosas no salen como uno querría o piensa que deberían ser.
Este paso por el silencio me ayuda a saber que las cosas se pueden decir, hacer y pensar de muchas maneras. Aristóteles pensaba que la naturaleza aborrecía el vacío. Nada debe quedar vacío. El horror al vacío retrasó por siglos la idea de Demócrito según la cual los átomos se mueven en el espacio vacío hasta que por fin Einstein mostró que el vacío podía transformarse en energía y que es el substrato de lo real. LaoTse dijo “Con arcilla se fabrican las vasijas; en ellas lo útil es la nada ”.





