viernes, 26 de marzo de 2010

VOLUPTUOSIDAD


Según San Agustín, nuestros sentimientos pesan. Tal vez no los podamos medir con el sistema internacional métrico (en gramos), pero sí que lo podemos hacer según la forma de querer. Todos tenemos una forma de querer que nos caracteriza. Podría usar un largo catálogo de conceptos estancados, repetitivos o tópicos sobre lo que suponen los sentimientos y sus formas. De alguna manera le estaría haciendo el gusto a Kierkegaard, pues para él, las repeticiones nos permiten vencer al pensamiento escindido entre la razón y los sentimientos, gracias a la fuerza del erotismo.

Hace mucho tiempo que mantengo separados estos dos ámbitos y siento que no los conecto. Soy consciente de que esta separación me lleva a una pérdida de la sensualidad (la mezcla del erotismo y la razón). Cómo bien me dijo una compañera de trabajo, “crees que estás venciendo en esa lucha, cuando en realidad estás huyendo”. Cabría añadir “como las ratas asustadas”. Tal vez de tanto huir esté ignorando la resistencia que me impongo. Esta misma compañera de trabajo (espero que no lo lea) me decía que tengo la capacidad de hacer felices a los que me rodean, a costa de olvidarme de mi. Es cierto que me gusta hacer sentir bien a los demás. Otra compañera me decía que se ríe mucho conmigo, incluso cuando estoy enfadado, pues mis enfados son muy cómicos. Yo no los vivo así.



Estos días me reconozco en otras personas. Reconocerlas me supone un reto y me excita, pero también me aísla, lo que me dificulta la traducción del mundo, esa identificación que necesito para seguir avanzando sin sentirme un ser extraño. De manera automática aumento las distancias entre el eros y la psique. Tal vez el punto de conexión lo encuentro en la voluptuosidad de una cerveza y unas miradas. Y es ahí a dónde quería llegar. A los abismos que se abren entre los dos estados, entre la realidad y la idea que tenemos en la mente. Por muchos esfuerzos que haga por restablecer la unidad originaria, siempre acabo en el lado de la razón. No estoy acostumbrado a que me digan cosas agradables, que me obliguen a compartir un asiento en un día antisocial, que me cataloguen de persona “encantadora” o me abracen con la mirada.

Tal vez nos rija una especie de orden cósmico más allá de la sucesión de los días, de amarnos los miedos respectivos o en la huída del amor que no podemos sostener. Sobrevivo en armonía con esa ley, mientras intento no llevar al campo de la razón los sentimientos que despierta en mí.

6 comentarios:

Wonder dijo...

uns estimen com poden i altres com volen, jo som dels primers. A tú especialment no puc evitar fer-ho, m'uneix un filet especial a tú, i tenc la certesa que no es trencarà. La teua companya de feina te raó quan et diu que gastes la teua felicitat donant-la als altres, a mi m'ho has demostrat vàries vegades. Només em falta dessitjar-te una cosa: que sigues feliç; que et tenc una gran estima ja t'ho he dit moltes vegades

oscar dijo...

No estoy de acuerdo contigo cuando dices que no conectas tus emociones con tus ideas. No veo que los tengas tan separados. Eres muy consciente de tus sentimientos y teorizas sobre ellos. eso es todo. Por lo que respecta a la felicidad de irradias estoy de acuerdo. Aunque no lo busques haces sentir bien a las personas que tienes cerca.

chuscartes dijo...

Gràcies Wonder per la teva estima. Hi ha fils que els reconec presents. Óscar, yo también creo lo que dices, pero mi espíritu "kierkegaardano" me impede decirlo y asumirlo.

Verónica dijo...

No sé, quizás esté totalmente equivocada, pero para mí los sentimientos son irracionalizables ya que su naturaleza es la de un impulso irracional/inexplicable. También puede ser que haya "grados" de sentimientos, es decir, que esten más o menos cercanos o lejanos a una explicación racional; eso sí, siempre será más o menos racional bajo tu punto de vista.
No creo que etiquetar sentimientos sea posible de manera objetiva; si no haz la prueba de pedir definicioes a personas diferentes sobre qué es el erotismo, la pasión o la sensualidad. Probablemente tengas una definición por cada individuo.

Dorothy dijo...

Como kierkegaardiana, me quedo con mi visión totalmente subjetiva de lo que pasa, ya se encargan los demás de devolverte de un tortazo sin manos a la realidad.

chuscartes dijo...

Es cierto que todos tenemos una manera de vivir los sentimientos, pero a nivel físico-neuronal, a nivel químico, siempre hay unos patrones que se siguen.