domingo, 6 de diciembre de 2009

CHICLES Y RELACIONES

Escribo textos para un futuro montaje sobre el amor y las relaciones. Este es el monólogo de presentación de una de las chicas.

ANA
Mascar un chicle con azúcar y vivir en nuestras carnes una relación vienen a ser lo mismo. Y no es que a una servidora le ciegue la diabetes, sino que la metáfora funciona.Me explicaré usando una de esas bombas de relojería con las que los niños hipotecan su futuro a favor de los riñones de los dentistas: el chicle.

Imaginemos uno de esos chicles bien azucarados. A los que tengan treinta (y tantos),y comiesen chucherías de criajos, les vendrá a la cabeza el chicle BANG BANG. Los que ahora tenemos treinta (y tantos) y seguimos comiendo chuches se nos ocurre pensar en esos meloncitos tan de moda ahora, rellenitos de pica-pica. Son grandes y jugosos. Y como diría un somelier pijo de un buen vino, te cosquillean el paladar, son un estallido de sabores con cierto regusto final refrescante. En cuanto al aroma, son también poco discretos. Como son de melón o sandía, el pestuzo se adivina a cientos de kilómetros a la redonda. Y así, tal cual, son al principio las relaciones.

Tienen sabor, y mucho. Endulzan. Incluso demasiado. Dan envidieja al personal, porque anda que no jode ver al de al lado comiéndose un chicle y que tú no tengas. y además, como la peste melonera, tampoco se pueden esconder. Ustedes miren a la cara de dos enamoraos de reciente estreno. La cosa canta más que los colorantes de los risketos (por aquello de seguir hablando de chuches).

pero. Pero, pero... Ay, amigos. Melones y relaciones, chicles y amores, resisten mal el paso del tiempo. El otrora manjar azucarado chispeante de sabor, se convierte en una goma insulsa que te jode la dentadura. Y ahí te quedas, masticando la nada. El otrora vendaval de emociones y pasiones deviene en una leve brisilla, que por no provocar no provoca ni un resfriado. y ya saben, ahí te quedas, con tu relación, masticando la nada.

¿Y qué suele ocurrir en ambos casos? Pues que añoras el sabor del melón. Que suspiras porque vuelva la relación. y sólo hay una manera de no estar tan faltuca: echarte uno nuevo a la boca.

5 comentarios:

wonder dijo...

no m'agrada el gust de meló, però, el puc fer jo? (el monóleg vull dir) o ja havies pensat amb algú...potser m'estic ficant on no em criden...serà el vi

oscar dijo...

Yo recuerdo los Bang bang y los chicleds aquellos con líquido dentro. Me he reído con tu comparación. Creo que es muy divertido.

Añadiría que las relaciones también pueden dar gases, como los chicles.

Lacuerda dijo...

Peoncita, ¿como te va?
Hace tiempo que no hablamos. ¿Estás escribiendo monólogos? Me tienes que poner al día. ¿En quién has pensado para escribir esto?

cruz dijo...

aisss aquel maravilloso bang bang como lo recuerdo....con lo bueno que estaba. bsos.

Anónimo dijo...

Yo tambien hecho de menos el Bang Bang, sobre todo por el tamaño de sus pompas, la cara que se te quedaba cuando te explotaba en la misma.
Pues la verdad es que sí son comparables, en la pareja hay momentos en los que esperas que explote como el chicle, con la diferencia que el chicle se despega, se corta el trozo de pelo al que se ha pegado, etc, etc, etc. y con la pareja se queda pegado al corazón y eso cuesta despegarlo. En fin seguiremos comiendo chuches para mantener el nivel de glucosa necesario, jajaja