domingo, 9 de mayo de 2010

sin desprecios

Dice Baudelaire “No tienes el derecho de despreciar el presente”. Hoy me he dedicado el día para mí. Después del toque de atención que me dio la mente con la ansiedad, decido aparcarlo todo y estar conmigo. Así pues, he salido a dar un paseo por la playa (el sol siempre ayuda a cargar pilas), he estado viendo una película en mi sofá (hacía mucho tiempo que no lo hacía. He evitado cosas que me hiciesen pensar) y me he regalado una tarrina de helado. He intentado hacer una siesta y he visitado a mi hermana para que me invitase a un café. Todo sin pensar en nada. Sólo disfrutando de lo que sucedía en esos momentos. La falta de costumbre hacía que a veces se me fuese la cabeza a otras partes, pero en cuanto pasaba la redireccionaba al instante presente.



A veces nos sentimos atados por recuerdos, por emociones, sensaciones y otras tantas cuerdas subjetivas. En otros momentos, son las proyecciones las que nos lanzan, como proyectiles, hacia las frustraciones. En esos momentos, me gustaría decirle al corazón "¡No corras!", ordenarle que se apague o empiece a arder, según la situación. Pero los movimientos del músculo son involuntarios y nada puede hacer mi deseo de mecerlos.

Mi aprendizaje final de hoy fue que mi pensamiento es quien me trae y me lleva, impulsa y frena, derriba y eleva, ata y desata, ala y ancla, mima y mata cada rosa que aparece en los tallos de mi vida. Hoy me disculpo ante mi y acepto el presente, mientras obligo al hielo, mi melosa envoltura, a evaporarse con los rayos del sol.

viernes, 7 de mayo de 2010

SAGNA EL NAS

No hi ha cap novetat a sagnar pel nas. Forma part de la rutina de cada matí: despertador, llum i mocador. Quan obro els ulls a l'habitació sura una intensa olor de pluja, de pell humida per una borrasca. No hi ha descans cremant a les parpelles desprès d'una llarga nit de somnis bàrbars. S'escolta el ressò de la tendresa cridant al cor, demanant clemència des de les artèries on ha quedat deturada pel colapse emocional.

Desperto arrecerat pel record breu d'una abraçada de comiat, de la darrer conversa que tinguèrem quan ens vessava el desig per la mirada. I és en aquell carrer, copsats pel mur de la carn, que el nas em torna a sagnar, com cicatriu del cop, com si cada nit tornés a obrir-se quan continc les paraules.

lunes, 3 de mayo de 2010

CARNICERÍA

Esta tarde estuve en la carnicería comprando algo para hacerme la cena. Últimamente me cuesta mucho elegir el tipo de carne que me apetece (y no me interpretéis mal). Al final me decanté por unos filetes de pechuga de pollo. Me ayudarán a mantener la línea y a la vez me sentarán bien. Y estaba mirando cómo cortaba la pechuga el carnicero cuando entraron dos adolescentes de unos veinte años. Por lo que iban hablando, entendí que uno de ellos había roto con su "novia" (Ahora no sé si llegaron a usar esa palabra). El amigo le intentaba consolar, diciendo lo típico: "Que si no te convenía, no te preocupes..." Hasta que el afligido dijo que aquella era la buena, la verdadera y se había equivocado.

Por un momento dejé de mirar mi pechuga de pollo, para fijarme en esos chicos. Y de golpe... zas! El amigo le suelta: "No te preocupes tío. No tendrás la puta suerte de morirte solo. Seguro que encontrarás la tía que te destroce la vida". Las piernas me han temblado. Precisamente ahora, que empezaba a remontar, que recupero el romanticismo... Y me doy de bruces en el suelo.



No hace mucho alguien me dijo que haga lo que haga, siempre habrá una mujer por medio. En su momento me gustó la frase. Hoy, en otro contexto, me resultó una losa. AL final, cogí mi pechuga y salí de la carnicería pensando si realmente me destrozarán la vida algún día. Es más, cada vez que coma pechuga pensaré: "No tendrás la puta suerte de morirte solo".

domingo, 2 de mayo de 2010

El giro de la peonza

El mundo ha girado y yo siento que me he quedado en la misma posición, en el mismo lugar, antes de que aparecieran todas esas personas que hoy me habitan. Últimamente he vuelto a pasear por los rincones de nuestra ciudad, lugares donde alguna vez me besaron por caridad. Recuerdo lo que antes empezaba a pensar. Evoco fotografías de días y noches. En esos momentos hubo razones para esperar algo más que el relleno de unos espacios vacios. Dijeron que amaban, pero sentí como se alejaban. Recuerdo las conversaciones, las palabras. Hoy existe un desierto entre aquellos días y los de hoy. Y en ese desierto, me encuentro sentado. Tal vez no fuese así, pero permanecen en mi memoria.


sábado, 1 de mayo de 2010

LA IMPARCIALIDAD DEL CORAZÓN

He empezado mi pequeña escalada al monte "Primavera". Armonizo con el universo de las emociones, las sensaciones y las razones, encontrando exuberancia, plenitud, ternura, paciencia... Poco a poco voy digiriendo la astenia primaveral. Pero tras una pequeña reflexión, me doy cuenta de que no era tanto el polen y el sol, como mi absorción de los gestos y las palabras de los demás. Me explico. Las personas me entran por el corazón y me generan unas contracciones pavorosas. No es lo mismo una palabra escrita en un libro o en un diario, a esa misma palabra dicha por alguien a quién quiero. Cuando alguien a quien quiero (cualquiera a quien aprecio) dice algo pierdo toda la imparcialidad y me cuesta mucho defenderme. Acabo justificando cosas absurdas, y me martirizo por pensar que soy terriblemente manipulable. ¡Yo, que me consideraba una persona con criterio propio! Tal vez de ahí que lea tanto o me esconda tras la máscara teatral.



Siempre me han atraído más los rasgos como la creatividad artística, el sentido del humor, la fuerza de la argumentación rigurosa y científica o una sarta de historias bien contadas y llenas de ingenio y de imaginación. Me decanto por la creatividad y el discurso bien construido. Pero una vez las personas me entran en el corazón, polarizo gran parte de mis preferencias, y además con contundencia. Habrá quien me diga que es la testosterona o la eclosión del deseo o la unidimensionalidad de la tarea en la que me centro (como hombre con las neuronas bloqueadas). Pero creo que son los intercambios afectivos y la imparcialidad que me gobierna.




Todo lo que hacemos, lo hacemos para nosotros. Lo condenable no es que no sepamos sacrificarnos por los demás, sino que no nos sacrifiquemos por uno mismo. Lo que me destruye es que ponga a los demás de excusa, ser tan cobarde como para no aceptar que mis actos no son para mi. Se trata de esa responsabilidad con uno mismo y sus emociones, sensaciones y razones. No cerraré mi alma a nadie, pero intentaré ser más objetivo. No aceptaré las necesidades que me crean los demás, sólo por el hecho de sentirme acompañado.

lunes, 26 de abril de 2010

DE TÚ A TÚ

Cuando te vi, llevabas un lienzo oscuro en la mirada que te escondía innaccesible el dolor. Todo pasa, Jesús, y con el tiempo amoldarás tus manos a otros ángulos. Llegarás a reposar con serenidad en el fervor de otro cuerpo. Todos nos sorprendemos queriendo de nuevo, aunque sea con una ilusión más cauta, pero una ilusión que nunca se pierde. Entenderás que existen formas más afables para marcos tan ásperos, y que existen marcos que te abrazan inutilmente, porque no te protegen de los miedos.


Descalza tus pies y relájate. Procura no entender el dolor. Sólo el dolor estético puede ser entendido. Y si es estético, no puede ser dolor. Nunca lo podremos fragmentar ni reducir a conceptos. Simplemente aparece y desaparece. No podemos verbalizar el abismo. Evitas ponerle palabras, porque si no se nombra es más íntimo, propio. Hablarlo implica compartir, dejar entrar a los demás.

No puedes esculpirte, en soledad, la suerte. Es el tiempo y los que te rodean los que te van modelando, tal y como eres. Relájate, que un alma resentida genera desconfianza, y la desconfianza te condena a vivir sin reposo.

domingo, 25 de abril de 2010

Poema en la plaza del parque

Noche de estrenos. Comentarios agradecidos y estimados. Abrazos y saludos llenos de alegría y emoción. Cena eufórica. Primera reducción del grupo. Pequeña excursión por locales. Segunda reducción del grupo. Un hombre riega las calles. Veo un escenario en la Plaza del parque y subo a recitar uno de mis poemas, medio en broma, medio en serio.


Porto el teu nom tatuat a la boca,
estacionat com un record
que et troba a cada silenci.

De pronto me inunda la vergüenza. No hay casi nadie en la calle. Y pienso que no lo recito a quién quisiera.